viernes, 3 de diciembre de 2010

Volanteando

No queríamos que se cancelara otra función por falta de audiencia. Decidí dejar la oficina para repartir volantes en la calle. La gente pasaba de largo, pero yo la perseguía para decirle suavemente "es de teatro". Entonces, volteaban y agarraban el papel, un poco avergonzados por habérsele escapado tan deliberadamente al arte.
Los repartí todos. Me sentía satisfecha de que en veinticinco minutos fueran ya quinientas personas más las que hubieran escuchado que el teatro seguía vivo. De pronto me topé con una señora a la que me habría encantado darle un volante. Era una mujer finísima, seguramente con una sensibilidad estética notable. Quería que se enterara de la obra pero no tenía más publicidad así que decidí acercarme para platicarle.
Señora, permítame caminar un poco con usted, es que la vi y no tengo volantes. Hay una obra de teatro, hermosísima, seguramente le gustaría. Digo, no la conozco, me refiero a usted, pero se nota su sensibilidad, quiero decir, que usted tiene muy buen gusto. No sé, por como ve las cosas, se nota que usted no sólo mira, sino que observa. A nuestra obra le vendría de maravilla tanta atención como la que usted podría darle. Es una obra breve pero muy hermosa. Tenemos descuentos de INSEN. Me refiero a que... puede llevar a sus padres o no sé, no creo que usted esté en edad de aprovechar ese descuento. Como sea, tenemos descuentos. Discúlpeme, quería ser breve. ¿Irá a la obra?

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