viernes, 21 de enero de 2011

Un vecino en mi buzón

Esta colonia parece tan tranquila, uno se encuentra a la misma gente una y otra vez. Los albañiles se aburren de gritar cosas después de varios días de ver a la misma chica cruzar frente a la construcción. Los conserjes ya esperan el saludo y los meseros sonríen desde atrás del mostrador.

De vez en vez, surge alguna facha diferente y entonces una tiene oportunidad de cruzar miradas con alguna nueva faz. Ayer me sucedió. Se trataba de un vecino que jamás había visto. Es que llegué más temprano que de costumbre. Era un chico alto, trigueño, muy atractivo. Algo en él me inspiró sonreírle, pero no me devolvió la atención. Se quedó serio y luego esquivó mi mirada. Me seguí de largo, por supuesto. Abrí mi puerta y me perdí de su vista.

Esta mañana llegó el conserje a preguntarme si podría ser mía cierta carta que había aparecido en el buzón. Era una nota que decía "hay sonrisas tan bellas que no sabes qué hacer cuando las recibes, la tuya fue una, ojalá pueda compensarte por lo de ayer". Se me hizo tan extraño como fascinante. No me dejó datos, cosa que, en cierto modo, me encantó. Me hace pensar que él volverá a buscarme alguna vez.

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