jueves, 7 de abril de 2011

¡Me han despedido!

Llegué a la oficina después del temblor. Mi oficina ya era una con la naturaleza, se había caído una de las paredes y el viento primaveral se colaba por todos lados, haciéndonos estornudar por el polvo y el pólen mezclados irreverentemente. Mi jefe se acercó a mí para decirme que ahora tendríamos menos lugares y entonces sería necesario fundir los puestos. El mío sería compartido con la recepcionista, el del chofer con la mercadóloga, el de la asistente de dirección con el del contador y el del abogado con el del jardinero. Tomé pues mis cosas y pasé a la recepción por la mitad de las cosas de la recepcionista, para salir de la oficina, airosa y con ganas de tener ya motivos para utilizar mi nueva engrapadora.

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